Reza un dicho popular: "Para lo que me queda en el convento, me cago dentro". Pues bien, parece ser perfevtamente aplicable al caso que nos ocupa .Las hasta hace poco monjas de Grajal, no contentas con haber practicado el expolio y pecar de orgullo, han sumado un nuevo pecadillo a su curriculum, esta vez la avaricia .
Resulta que han vendido al mejor postor el convento superpoblado de termitas invisibles ( una nueva especie, supongo) . Mientras, el pueblo sigue compuesto y sin tallas .
Pero claro, hay religiosas como las Agustinas Misioneras, que se juegan la vida, y a veces la pierden, ayudando a los demás, y luego tenemos ejemplos, como este grupo de avaras usureras , ahora felices en su dorado retiro toledano . Y es que hay monjas y monjas .

1 comentario:
sin querer meter a todas las monjas en el mismo saco, estas en concreto, son unas ladronas y unas ventajistas
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