Pasadas las elecciones y con el nuevo mapa político definido, los movimientos sociales de afectados por la línea de alta tensión Sama-Velilla han regresado a la frenética actividad encaminada a reivindicar una solución para la 'autopista eléctrica' que atraviesa la montada leonesa. Así las plataformas reclaman para este proyecto una atención medioambiental cuando menos idéntica a la prevista para el tendido eléctrico entre España y Francia por el Pirineo, pactada por los gobiernos nacionales de ambos países.
Aunque la decisión definitiva sobre el itinerario de este corredor transnacional no está aún definida, tanto el Ejecutivo del socialista Rodríguez Zapatero como el del conservador Nicolas Sarkozy parecen dispuestos a impulsar el soterramiento de los cables en aquellas zonas con un mayor valor paisajístico y natural. Además, se han comprometido a que el proyecto tenga el menor impacto posible. Con ello, darían cumplimiento a las recomendaciones de las autoridades de la Unión Europea (UE), que han analizado un plan que ha estado paralizado durante más de dos décadas y que, finalmente, ve la luz pese a la fuerte oposición vecinal que ha originado en el sur del país galo.
El Gobierno francés y el español han reconocido ya que el coste de la obra para llevar el tendido por el subsuelo será muy elevado.

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